viernes, 20 de junio de 2008

Deja al chico llorar

La evolución que sufre una entrada mientras la escribes es algo parecido a la composición de una canción, te va llevando, hasta que se descontrola y adquiere vida propia, perdiendo todo el sentido buscado en el génesis de la creación.

El primer sentido al que iba la entrada anterior, correspondía con el título, los dos instantes que recordaba más intensamente en mi vida intimamente relacionados, y como una situción a priori provocada por lo mismo, podía llevar a la más absoluta desolación o l más intensa felicidad. Finalmente, modifiqué el comienzo, escondiendo su sentido, y entregando lo único que fui capaz de expresar. Ahora viéndolo detenidamente, creo que merece su segunda parte, su antítesis irónica de felicidad:

Todo adolescente ha tenido sus ídolos, yo siempre fui más raro que la media, bastante c.r.a.z.y., y mis ídolos solían ser sólo míos, gente a la que adoraba sobre todas las cosas, conseguía sus discos de importación, y adornaban mis esperanzas desde una perspectiva silenciosa.

En la triada de mis 16 años, pensaba que nunca podría llegar a verlos en concierto, poder por una vez gritar por mi garganta todo lo que sentía a través de sus canciones, entre una multitud entregada a una catarsis de los sentidos. En la radio sonó la canción de uno de los grupos de moda, con un posterior anuncio de un concierto de su gira europea en una pequeña sala, pero un detalle posterior, probablemente sin importancia para el mundo rompió el mío en mil pedazos dejando al aire toda mi esperanza. Si hay algo, por favor, que bendiga a la persona que inventó El Telonero

Iba a conseguirlo, sólo tenía que conseguir alguien que me acompañara, no fue difícil con el plato fuerte, conseguí que una amiga me acompañara, y a su vez, dos amigas suyas tambien se interesaran en venir. Confesé a mi amiga mi verdadero móvil para el concierto, no me costó mucho que finalmente fuera más por el telonero, que por el grupo de moda, cuando quiero se vender bien al mundo (si es receptivo).

Los 4 teníamos toque de queda, por nuestras cuentas difícilmente podríamos llegar al fin de concierto, importándome a mi lo justo. LLegamos unos minutos antes de la apertura de puertas, donde una pequeña multitud ya se agolpaba para conseguir las primeras filas. Una tercera fila no estuvo nada mal, teniendo en cuenta, que pese a mis insistencias, el género femenino había invertido una eternidad en prepararse para tan magno acontecimiento de jueves. Ahora que lo pienso, creo que fue mi primera "salida" en jueves.

La oscuridad y la espera eran las dueñas de la situación, hasta que los fogonazos rompieron todo, comenzando los acordes de mi gran destino, mi alma despegó tomando de la mano a la de mi amiga, subiendo a un nivel distinto del resto de los asistentes, que aunque de forma animada, llevaron el concierto desde la absoluta ignorancia. Cada uno de los acordes de guitarra, cada nota del piano y cada golpe de batería, acercaban mi existencia hasta un estado, donde la vida tenía sentido, no había dolor, no había lágrimas y mucho menos soledad.

Las primeras notas de cada una de los 8 canciones que sonaron, fueron cómplices de mis ilusiones expresadas en forma de canciones, por unos versos que salian de mi boca en forma de dúo con mi alma gemela aquella noche, unidos por un vínculo invisible que nos hacía capaces de todo. Las palabras en forma de sonora melodía fueron nuestra ayuda para conseguir miradas incrédulas con medias sonrisas desde lo más alto de la pirámide. Mi momento acababa y llegaba la última canción, el fin y el comienzo del momento de otros, delante mía su voz salió sólo para mí,con un gesto inequívoco de agradecimiento y saltos en el éxtasis de una canción eterna en mi.

Llegó el concierto oficial, mucho rato después, el toque de queda, aunque seguian tocando, debiamos irnos. Yo y mi amiga, actuábamos como conciencia hacia las otras dos chicas, que conociendo su deber, sólo pedían una canción más. La presión se hizo dueña de la situación, y mi amiga y yo decidimos irnos a la puerta mientras terminaba una última cancion. Salimos con los acordes y el éxtasis del público, profundamente preocupados por la hora de la cenicienta, que ya más que acechar, habíamos casi dejado atrás. En la puerta solitaria, de lejos, mis ojos observaron y mis oidos oyeron "Te hemos visto", con saltos ilusionados incluídos, casi no pude hablar, todo lo habló mi amiga, agradecimientos, sorpresa, autógrafo y despedida al llegar las dos últimas del cuadrado.

Al llegar a casa en mi dulce soledad, lloré, lloré, lloré...

5 comentarios:

Matritensis dijo...

Hola rumbero, acabo de descubrir tu blog por tu comentario en el mío, bueno, ya te había visto por el de Thiago pero sólo leí tu comentario.
Sólo decirte que me alegro de descubrir tu blog, no he podido leer mucho, dos o tres entradas pero muy intensas e interesantes, volveré por aquí y espero volver a verte por el mío ;)

Saludos

Santiago A. dijo...

Mucha diferencia de un post a otro. Pero sigo pensando lo mismo: ¿por qué la gente es tan cruel cuando en algun aspecto eres distinto a la gran mayoría?¿Será por eso de que las minorías están marginadas?

Un saludo!

Rumbero dijo...

Todo se reduce a miedo a lo desconocido. Lo que no se comprende y no se puede explicar, cuanto más lejos, mejor.

Gracias por comentar a los dos el tostón de entrada que me ha salido!

Dita Ciccone dijo...

hola rumbero, vengo de laura y su vida que gira, a tu blog, porque me pareció muy interesante lo que dices de que la liberación femenina es una gran mentira, a mí también me lo parece... también daría lo que fuera por ser una mantenida... pero está la cosa chunga, hacen falta mínimo dos sueldos para pagar un pisito de 50 metros...qué vida ésta...
(me gusta tu blog, me quedo)

Stultifer dijo...

cuidado con las salidas de los jueves...